Antes de los bloques de pisos, el asfalto y el orgullo obrero de Pino Montano, esta tierra era el corazón agrícola que alimentaba a la Sevilla de romanos y andalusíes.
Mucho antes de que se construyeran los cortijos, la llanura fluvial al norte de Sevilla ya albergaba vida humana. Las excavaciones y estudios arqueológicos en el actual entorno de Miraflores han revelado asentamientos que se remontan al **tercer milenio a.C.** (período Calcolítico y Edad del Bronce).
Aquel primer asentamiento de pobladores prehistóricos aprovechó la gran fertilidad del suelo aluvial, regado por los antiguos arroyos de Miraflores y Ranilla. Practicaban una agricultura y ganadería de subsistencia, sentando las bases de una vocación agrícola que perduraría a lo largo de los siglos.
Con la integración de la península ibérica en el Imperio Romano, las fértiles tierras de esta zona se convirtieron en un área clave de producción agropecuaria. Se establecieron villas rústicas destinadas a la producción a gran escala para abastecer a la importante urbe vecina de **Hispalis** (Sevilla).
Los yacimientos arqueológicos documentan la existencia de dependencias agrícolas romanas destinadas al prensado de aceite de oliva, cultivo de trigo y almacenamiento de cosechas. Esta tierra ya era sinónimo de trabajo, producción y sustento para la ciudad.
Durante el periodo andalusí, la vega experimentó una revolución tecnológica y agrícola. Los musulmanes introdujeron nuevos cultivos y perfeccionaron el regadío mediante el uso de **norias de madera** y canalizaciones de acequias conectadas a los cauces de agua locales.
Bajo el dominio almohade (siglos XII-XIII) se levantaron defensas y torres de control. El ejemplo más importante es el yacimiento de la **Huerta de la Albarrana** y la **torre almohade** del Cortijo de Miraflores. Esta edificación servía para vigilar las ricas huertas que rodeaban el norte de la ciudad y controlar el valioso reparto de aguas, consolidando el carácter agrícola que conservaría el término hasta mediados del siglo XX.
Estas huertas, acequias y cortijos históricos mantuvieron su esencia rural hasta que, a mediados de la década de 1970, el crecimiento urbano y las familias trabajadoras dieron vida al Pino Montano moderno. Descubre la historia contemporánea de nuestro barrio.