Descubre cómo un rincón de pinos plantados por el señor Montano en el siglo XIX dio paso a la barriada obrera más dinámica y viva del norte de Sevilla.
Mucho antes de que el asfalto y los bloques de pisos poblaran esta zona de Sevilla, el paisaje estaba compuesto por un inmenso campo andaluz de huertas y olivares. En este entorno, un acomodado terrateniente de apellido **Montano** poseía una gran hacienda dedicada a la agricultura y la ganadería.
Con el fin de delimitar los linderos de su propiedad y, de paso, ofrecer un refugio de sombra a sus jornaleros y al ganado frente a las rigurosas temperaturas del verano sevillano, el señor Montano decidió plantar una gran cantidad de **pinos piñoneros** a lo largo de las lindes y del camino de acceso a su finca.
Pronto, los campesinos de las huertas vecinas y los viajeros empezaron a referirse coloquialmente a ese punto de la vega del Guadalquivir como la zona de "los pinos de Montano" o "los pinos de la finca de Montano". La popularidad de la arboleda fue tal que el nombre quedó arraigado de forma definitiva, dando nacimiento a la denominación oficial del **Cortijo de Pino Montano**.
A finales de 1914, el célebre torero sevillano **José Gómez Ortega, "Joselito el Gallo"** (o simplemente "Joselito"), adquirió la finca de Pino Montano para su familia. Al ser aún menor de edad en ese instante, la compraventa se escrituró a nombre de su madre, Gabriela Ortega.
Tras la trágica muerte de Joselito en la plaza de Talavera en 1920, la propiedad del cortijo pasó a manos de su hermana Dolores Gómez Ortega, casada con otra figura histórica de la tauromaquia y la vida cultural española: **Ignacio Sánchez Mejías**.
Sánchez Mejías, mecenas y amigo íntimo de los poetas de la **Generación del 27**, convirtió los salones y jardines del Cortijo de Pino Montano en el epicentro intelectual de España. Figuras como **Federico García Lorca, Rafael Alberti, Gerardo Diego y Jorge Guillén** se reunían bajo la sombra de aquellos legendarios pinos para debatir, escribir y buscar la inspiración en la campiña.
A finales de la década de 1960 y principios de 1970, la ciudad de Sevilla experimentó una fase de rápida expansión urbana. Los terrenos agrícolas que rodeaban el Cortijo de Pino Montano y las huertas adyacentes fueron elegidos por el Patronato Municipal de la Vivienda para levantar un nuevo distrito residencial destinado a acoger a miles de familias trabajadoras.
Al planificar la zona y entregar los primeros bloques de pisos hacia **1975**, se decidió mantener la denominación del cortijo de referencia como homenaje a las raíces de esa tierra. Los primeros vecinos se agruparon con fuerza identitaria bajo la marca del barrio.
De este modo, los pinos sembrados por el señor Montano un siglo atrás terminaron dando su nombre a una comunidad que hoy destaca por su orgullo vecinal, sus intensas luchas por los derechos sociales y un comercio de proximidad floreciente.
El nombre de Pino Montano es sinónimo de historia, cultura y lucha obrera. Descubre más sobre la evolución de nuestro barrio o apoya el comercio de cercanía de los vecinos.